La violencia llega a las escuelas 

La muerte de un niño venezolano en San Bernardo no puede ser vista solamente como una noticia más en la larga lista de hechos violentos que ocurren diariamente. Detrás de ese pequeño había una familia, sueños, una vida que recién comenzaba y una comunidad que hoy queda marcada por el dolor y la impotencia. 

Pero este caso también abre una discusión más profunda: la violencia que estamos viendo en nuestras calles está entrando a lugares que deberían ser refugios de seguridad, como los hogares y los colegios. Espacios donde los niños deberían aprender, jugar y crecer tranquilos, hoy enfrentan problemas como amenazas, agresiones, presencia de armas y conflictos que muchas veces superan la capacidad de respuesta de las comunidades. 

No basta con reaccionar cuando ocurre una tragedia. Como sociedad debemos preguntarnos qué estamos haciendo para proteger a nuestros niños y jóvenes. La seguridad no comienza solamente con más policías; también comienza en la familia, en la escuela y en la capacidad del Estado para prevenir que la violencia se convierta en parte de la vida cotidiana. 

Los niños no deberían pagar las consecuencias de los problemas de los adultos, de la delincuencia ni de la falta de oportunidades. La muerte de este menor debe ser un llamado de atención para recuperar los espacios educativos y familiares como lugares seguros. 

Porque cuando un niño deja de estar protegido, no solo pierde una familia: pierde toda la sociedad.

Jesús R. Rojas E. 

Director